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DESDE AQUÍ HASTA AHORA

El Valor de Verse a Uno Mismo.

Actualizado: 22 may 2021

¿Tienes el valor de reconocerte? ¿Sabes quién eres en realidad? ¿Eres consciente de lo que sientes?


¡Ándele, así, feliz que bien se ve! ¡No llore! ¡Los hombres no lloriquean y las niñas bonitas tampoco! ¡No te enojes! ¡Guárdate tu enojo para otro momento! ¡Sé valiente, no sientas miedo! ¡No vuelvas a decir qué asco!


Piensa por un momento cuántas veces has escuchado frases como estas, cuántas veces te las han dicho y cuántas veces se las has dicho tú a otros. Más aún,

¿Cuántas veces te las has dicho tú a ti mismo?


Siéntelas, revive esa emoción por unos segundos, vuelve a ese instante en que “entendiste” que feliz te Ves bien, que si quieres ser Hombre no puedes llorar, que si quieres ser Niña Bonita tampoco; que el enojo se guarda, que el miedo no se siente y que el asco no se expresa. ¿Cuándo asumiste que esto es lo correcto? Y ¿Cuánto tiempo llevas practicándolo?

 

¿De verdad nos vemos bien felices?

¿Realmente está mal estar triste? ¿Es incorrecto estar enojado?

¿Los valientes no sienten miedo? ¿Es dañino sentir asco?


No será que si estás en un velorio te verías mal estando feliz; que cuando vives una pérdida “lo bien” es permitirse sentir tristeza. Será acaso que no se trata de bien y mal sino de sano y dañino. ¿Y si recibes una agresión? No será que lo mejor que puedas hacer es molestarte o sentir temor. ¿Cómo sabes que algo que comes está podrido? Podría ser en ese caso que el asco te da aviso.


Escucha por un instante lo que tu Yo-Mismo está sintiendo cuando lees esto, centra tu atención en tu cuerpo. ¡Tu cuerpo habla, es tu mente la que no te deja escuchar!


 

Felicidad, tristeza, enojo, miedo y asco, son las emociones básicas del ser humano.

¡Son básicas, fundamentales, necesarias, útiles, productivas!


Ahora bien, ¿Cómo las utilizas? ¿O ellas te utilizan a ti? ¿Eres tú quien las usa como las herramientas que son o son ellas las que dirigen tu vida? ¡Aquí está el oro!


Conozco muchas personas que son pasajeros de su vida, son espectadores de una película donde deberían estar actuando el rol protagónico; son capitanes del barco y no toman el timón.


Hasta hace poco yo iba en el penúltimo asiento del tren que me pertenece, hasta hace un tiempo yo veía mi vida desde mi cómoda butaca. ¡Y no te confundas! Nadie nos vino a quitar el papel principal, nadie nos robó el puesto de mando; nosotros lo cedimos. Sin darnos cuenta ¡Sí! Pero al fin y al cabo, lo entregamos. Quizá luchamos por mantenernos ahí, pero en algún punto lo soltamos, nos hicimos a un lado. ¿Quién tiene la culpa? ¡Nadie! No hay culpables, el pasado ya no es, el presente es tu regalo. ¿Qué quieres hacer con él? ¿Qué decides? ¡Esa es la pregunta que importa!


De corazón te digo que sólo encontrarás vacío en buscar culpables, que sólo hallarás más de lo mismo. Serás como el roedor que camina en la esfera, y se agota, y cree que llegará, pero no hay a dónde llegar. ¡No hay salida! Es un mecanismo que se retroalimenta a sí mismo, más rápido corres, más te cansas; más velocidad generas, menos ves la puerta de escape. ¡Es así! ¿Eso quieres para ti? ¡Sé consciente! Asume que así lo estás eligiendo.


Por otro lado, si decides ¡Basta! Entonces ¡Así es! No así será ¡No! ¡Así es! Así es a partir de este instante, que es el único que existe en realidad. ¡Ahora mismo, detente! Baja la velocidad y la esfera dejará de girar, y entonces podrás ver la salida. ¡Olvídate de los culpables! ¡Olvídate de castigarte a ti mismo! Empecemos Desde Aquí, Empecemos Desde Ahora.

 

¿Qué es una emoción?

¿Qué son la felicidad, la tristeza, el enojo, el miedo y el asco?


Son impulsos biológicos que nos mueven a actuar, punto. No existen emociones buenas o malas, en todo caso, si no puedes desprenderte del juicio, asume que todas son buenas. ¿Por qué? Porque son indicadores que te avisan que hay algo que merece tu atención. ¡Tu atención, no tu reacción! ¡Ojo con eso! Atención implica un proceso voluntario, y reacción se refiere a dar respuesta en función de un estímulo externo. Esto es, cuando estás atento, eres consciente. ¡Cuando reaccionas no!


Pongamos un ejemplo: ¡Hablemos de la felicidad! De esa emoción que se ha convertido en el objetivo que todos queremos alcanzar. ¿Cómo podría ser malo dejarme llevar por la felicidad? Ya lo verás…


¿Te sientes feliz? ¿Por qué? ¡Contéstate! ¡Anótalo! Busca una cosa que a día de hoy te cause esta emoción:

- “Estoy feliz porque a Juan de las Cañas le fue bien en su examen”.

- “Estoy alegre porque a María de los Carrizos le pagaron su bonificación”.

- “Estoy complacido porque mi hijo está sano, o complacida porque mi prima superó el cáncer”.

¿Lo tienes? ¡Perfecto! ¡Aquí está el oro!


Si crees que tu emoción viene de la dicha de tu amigo o que viene del triunfo de tu compañera, si crees que se desprende del éxito de alguien más, te tengo noticias: ¡Es sólo un reflejo! ¡En realidad sientes placer por ti! El afecto que sientes por la otra persona te permite alegrarte de su bienestar; no es lo que sucede afuera lo que te provoca felicidad, es lo que viene de adentro. Es tu capacidad de empatizar con los demás, tu cualidad de compartir y no de competir. La emoción se genera en ti, por ti. ¡Eres su causa y sientes su efecto!


Entonces, ¿Qué provoca mi felicidad? - Yo.


¿Por qué es relevante esto?

¡Qué importa si me alegro por la otra persona o por mí!

¿Dónde está el oro?


Hasta ahora parece que no es tan peligroso el creer que tu felicidad viene de fuera, ¿Cierto?


 

Hablemos ahora de:

- "¡Estoy tan contento de que él perdiera!"

- "¡Estoy tan contenta de que la corrieran!"


Elije un caso en que sientas esto; uno concreto, uno que se esté manifestando en tu experiencia de vida en este momento. ¿Ninguno? Me cuesta trabajo creerlo, ¡Habla con honestidad! ¡Deja el juicio! Date permiso de aceptarlo, verás lo importante que es esto. ¿Ya lo tienes?


“Me alegra que mi papá me prefiera sobre mi hermano”. “Me hace feliz que mi madre se lleve mejor conmigo que con mi hermana”. “Me da satisfacción imaginar el instante en que yo le haga sentir lo que me hizo sentir a mí”. ¿Ahora lo tienes?


¿Qué hago en este caso? ¿Qué pasa si estoy complacido de la desgracia ajena? ¿Qué sucede si estoy contenta del malestar de alguien más? ¿Quieres que también lo exprese?

La respuesta es ¡Sí, hazlo! ¡Vívelo!


¿Quién escribió esta tontería? ¡Que estupidez! ¿No dijiste que no podemos permitir que las emociones dirijan nuestra vida? Ya me vi gritando, llorando y riéndome sin decoro. ¿Eso te dice tu mente? ¡Espera! ¡Dile que se calle y sigue escuchando desde tu Yo-Mismo!


Acabo de decirte que seas coherente con tus emociones, pero también te dije que si no sabes qué provoca tu emoción, entonces no eres tú quien la expresa, es ella quien se manifiesta a través de ti. Si no te das cuenta de que tu emoción no tiene nada que ver con lo que ocurre, sino con lo que tú interpretas en relación a los hechos, entonces eres presa de ella.


¡No la ocultes! ¡Acéptala! ¡Exprésala!


¿Qué pasa si reconozco que siento celos de mi hermana? ¿Y qué si disfruto que al otro le vaya mal? ¿Sabes qué pasará si lo haces?


Te lo explico...


Si te lo permites, pronto sentirás remordimiento, y éste te llevará a sentir tristeza, y esta quizá destape tu enojo; y entonces, sólo entonces, te darás cuenta que no era felicidad lo que sentías, y que no es el malestar ajeno lo que te da placer.


Que eres tú el origen y el fin de la emoción que estás creyendo que viene de fuera. Que esa felicidad no te hace culpable, que oculta tu miedo a no ser suficiente, tu temor a no obtener reconocimiento. Esconde la desconfianza que te causa asumir que si otro gana, tú pierdes. Viene de la mentira de creer que hay que competir en lugar de compartir.




¡No ignores tus emociones y no las dejes dirigir tu vida!


¡Son tu reloj despertador! Como esos que suenan en nivel uno, luego en dos, luego en tres y luego te ensordecen de tan fuerte que pitan. ¿Te ha funcionado alguna vez el tapar el ruido con una almohada? ¡No!


Sentir tristeza y actuar como si estuvieras alegre, te deprime.


Sentir furia y ocultarla con lágrimas, te genera rencor.


Comer con asco te enferma.


Sentir miedo y fingir que no está ahí lo maximiza.

 

¡Así funciona! Y ¡Gracias a la Vida por eso!

 

Ahora que somos conscientes de ello,

¡Ahora es momento de comprender y de elegir!


¡De hacer uso de las emociones como los instrumentos que son en realidad!


¿Estás feliz? ¡Disfrútalo! Se coherente con tu emoción, permítete un espacio para expresar tu alegría. ¡Ríe a carcajadas! ¡Suéltate! ¡Deja de pensar en si lo mereces o no! La respuesta es ¡Sí, lo mereces! ¡No importa si en ese momento crees que la causa de tu felicidad es negativa!


¿Sientes furia? ¡Grita! ¡Golpea! ¡Maldice! La única manera de agotarla es vaciándote de ella, dándote permiso de sentirla hasta que desaparezca. No hay mérito en ocultarla; no hay virtud en aparentar que no está ahí.

 

¿Te describo qué pasa cuando no te das permiso de expresar con honestidad

lo que sientes en realidad?


Sientes placer porque alguien más está padeciendo una situación y finges que lo lamentas, y te ofreces a ayudarle, y crees tu propia mentira. Y entonces “eres una buena persona” y asumes que engañaste al de enfrente y en verdad te engañaste a ti. Y te convertiste en “la víctima”, pero no ves que eres tu propia víctima.

¡Tú te engañaste! Y provocaste que tus sentimientos reales crecieran.


Aparentar que sentías empatía por el otro no te permitió tomar consciencia de tu miedo, y el miedo creció; y ni siquiera pudiste darte cuenta de que es miedo y no maldad. Y entonces ya no eres la víctima, ¡eres el culpable! Y de ahí hasta la enfermedad y hasta la muerte, si así lo decides.


¡Así de maravilloso es permitirnos Vivir!

¡Así de increíble es el camino de conocernos a nosotros mismos!

 

¿Qué vas a hacer a partir de ahora? ¡Esa es la pregunta!


¡No ocultes tus emociones! ¡Ninguna! No existen emociones malas o buenas, todas son perfectas. Tan perfectas como tus defectos, tan perfectas como tus aciertos y tus errores. ¡Tan perfectas como tu humanidad!


Tampoco las manifiestes contra el otro. ¡Ahí no está el origen! Nadie fuera de ti es la causa. ¡Tú eres el protagonista! ¡Tú eres el capitán del barco! ¡Este tren te pertenece! Reconoce tus emociones verdaderas, asúmelas como parte de tuya, encuentra su origen en ti, date permiso de vivirlas, agótalas; y entonces, sólo entonces obtendrás

¡Libertad!

 

Desde mi Yo-Mismo puedo asegurarte que si dejas que tus emociones dirijan tu vida, te llevarán a lugares que distan mucho del destino al que supusiste que llegarías. Y que si las ocultas, éstas crecerán en tu interior. Caerás en el juego de la víctima y el culpable y no podrás comprender el valioso mensaje que traen para ti.


Para mí, la Vida es un camino que se recorre momento a momento, hay instantes en los que pierdo la perspectiva; en los que olvido que todos somos uno y que yo atraigo lo que me sucede. Hay días en los que quiero controlar el exterior y dejo de verme a mí misma, y hay ratos en los que permito que mis emociones me hagan reaccionar. Para mi Yo-Mismo el reto está en volver, en retomar el rumbo, en tomar consciencia, en darme cuenta.


¿Qué sería la experiencia de vivir sin esto? ¿Cómo sabría que me he perdido?


Los conflictos son una alerta, son una llamada de atención. No es cuestión de tapar el despertador, ¡Hay que apagarlo! Y vivir, vivir despiertos, vivir atentos, ¿Para qué? Para escucharlo cuando vuelva a darnos aviso de que hay algo que atender.


¡Elijamos tener el valor de vernos a nosotros mismos

a través de los demás!


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