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DESDE AQUÍ HASTA AHORA

La Sana Dependencia.

Actualizado: 22 may 2021

¿Será cierto esto? ¿Podemos hablar de sana dependencia? ¡Pero si depender de alguien es destructivo! ¡Es negativo! ¡Es dañino! ¿Será? ¿Será que el ideal de ser independientes se puede realizar?


Antes que nada, quiero mencionar la importancia de la palabra “realizar”. En el post “¿Comprendes lo que significa?”, hablo de este y otros conceptos, que desde mi punto de vista, es muy valioso entender a profundidad.


Realizar se refiere a convertir en real, a poner en práctica. Entonces...

¿Se puede ser independiente?

¿El ser humano tiene la capacidad de independizarse?


Estas preguntas me las hago a mí, te las hago a ti; el caso de Buda, Jesús, y otros iluminados, los dejaremos fuera de este diálogo.


Depender significa pender, estar colgado, o derivar de alguien que está más arriba. Si a lo anterior, le agregamos el prefijo “in” que implica negación; podríamos decir que independencia sería negar dicha relación.


Los seres humanos somos los entes más dependientes de la Tierra; somos quienes más vulnerables nacemos y somos también quienes más relaciones formamos a lo largo de nuestra experiencia de vida.


¿Pretender ser independientes no será un anhelo irrealizable?


Por favor, permítete escuchar la respuesta de tu Yo-Mismo. No razones mi pregunta, no dejes que sea tu ego quien conteste; a él le molesta la fragilidad de tu Ser, la inestabilidad que le haces sentir cuando te cuestionas, cuando te permites dudar.

 

¿No será que depender es necesario? ¿No será que es útil y sano?


Desde mi punto de vista, así es. Cuando nacemos y mientras crecemos, necesitamos de alguien. Requerimos que otros se ocupen de nosotros; que nos provean, que nos atiendan, que nos protejan, que nos ayuden a subsistir. La pregunta es, ¿Esto termina en algún momento? ¿Dejamos de depender a cierta edad? ¿O simplemente nuestra dependencia se transforma? Es decir, cambia de forma.


¿Qué te dice tu Yo-Mismo? ¿Cuál es tu opinión al respecto?


No la de tu mente, no la que aparece como respuesta inmediata y definitiva, no la que nace del imperante deseo que tienes de demostrar que puedes, sabes y que tienes la razón.


La que aparece en el silencio, la que surge de cuestionar a tu Yo- Mismo, la que emana de tu interior.

 

Desde mi Yo-Mismo considero que los seres humanos nunca dejamos de depender, y que en realidad, lo sano, es que nuestras dependencias se transformen con el tiempo, pero no que desaparezcan.


En algún momento aprendemos a cubrir nuestras necesidades básicas y podemos subsistir sin ayuda, pero no dejamos de depender. Requerimos del otro para vernos a nosotros mismos, para conocernos, para regularnos, para complementarnos.


Algunos lo llaman codependencia, otros le dicen interdependencia; yo creo que a veces inventamos palabras para negar verdades que nos es difícil aceptar.


¡Nacemos dependientes y morimos dependientes! ¡Esto debería decirnos algo! ¡Quizá nos lo dice, pero nos negamos a escuchar!


La dependencia es parte de la naturaleza del ser humano; se manifiesta en nuestra biología y en nuestra manera de “realizarnos” en el mundo. Definitivamente la forma en que lo hacemos cambia conforme vamos creciendo y madurando; y cuando no cambia, es porque no crecemos en realidad. Porque cumplimos “años vida” pero no maduramos a la par de nuestra edad.


Cuando somos pequeños, la relación de dependencia es mayormente unilateral. Es decir, hay un niño que necesita de un adulto para permanecer con vida, o al menos de una persona con capacidad de ayudarle a cubrir sus necesidades primarias. Conforme vamos creciendo, esa necesidad se va diluyendo; es decir, reduce su concentración. Deja de “centrarse” en el “uno” y va “transformándose” en una relación “bilateral”. En una en la que los seres que participan en ella, se convierten en dadores y receptores; sin embargo, sigue habiendo una “dependencia”.


En ciertos aspectos “pendemos” de alguien; en otros, alguien “pende” de nosotros. Como adultos, seguimos necesitando los unos de los otros para “darnos cuenta”, para integrar, para crecer, para realizarnos.


En el mundo en el que vivimos, la realidad es dual, es complementaria.


El maestro necesita del alumno para percatarse de que es maestro, y necesita de él para incorporar en sí las habilidades que le hagan falta para mejorar su capacidad de enseñanza; esto le hace crecer y le permite realizarse en su profesión. Ahora bien, el alumno también depende del maestro para ejercer su rol y para poder seguir avanzando. ¡Y es así en todos los ámbitos!


¿Cómo podrías saber lo que te hace falta integrar en ti,

si no lo vieras en alguien más?

¿Cómo podrías desarrollarte en esta vida sin tener un referente?

 

Pero entonces, si la dependencia es una condición nata del ser humano y le enriquece tanto, ¿Cuál es el problema? ¿Por qué nos hace sufrir tanto?


¡Simple!

Nos aferramos al medio y a la forma,

y nos perdemos del propósito.


Nos empeñamos en que sea una persona específica quien nos muestre lo que necesitamos integrar. Nos apegamos a que las situaciones sean de una manera concreta.

Creemos que sabemos el cómo y el cuándo, y dejamos de estar atentos al porqué y al para qué.


¿Por qué estoy viviendo esta experiencia?

¿De qué manera participé activamente para que esto ocurriera?


Perdemos de vista que las relaciones existen para mostrarnos algo que debemos integrar en nosotros mismos, y no para componer al otro.

 

¡Es Juan de las Cañas quien debe ser más tolerante, no yo!

¡Es María de los Carrizos la mujer de mi vida, no otra!


¿A quién culpabilizo? ¿Qué situación me he negado a aceptar?


¡Debería ganar el doble de mi sueldo! ¡Ese proyecto tendría que haber funcionado! ¿Para qué estoy experimentando esta situación? ¡Mi madre no me trató como correspondía! ¡Mi padre no cumplió con su responsabilidad! ¡Mis empleados no me respetan! ¡Mi jefe no me valora!

¿Será?


Sí, es totalmente cierto que dependes de ese hombre, de esa mujer, de ese sueldo, de ese proyecto, de esos empleados y de ese jefe...


Pero dependes de ellos para comprender algo tú, algo de ti.


Para verte en esas personas y situaciones que te rodean.



Desde mi perspectiva somos Seres suficientes, amorosos y libres.



En nuestro interior están todas las respuestas, y nuestra esencia es Una con el todo, con el Universo.


¡Somos Seres Completos!


Sin embargo, dependemos de otros para volver a encontrar, dentro de nosotros mismos, lo que hemos ido “des-conociendo” en el camino.


Seguiré hablando del tema en el post "Equilibradamente Dependiente".


Te dejo un afectuoso abrazo.



¿Te interesó el tema?

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